viernes, 14 de junio de 2013

Discurso sobre la exposición de Antonio García Orio-Zabala en la Biblioteca de Extremadura


Antonio García Orio-Zabala con sus "legionarios" del taller del Diario HOY
 
En la cristalera que separa la redacción de diario HOY de la zona de Fotocomposición o taller (tal como lo llamábamos hasta hace poco acordándonos de otros tiempos) en esa cristalera digo, estaba pegada con papel adhesivo y hasta el día de mi jubilación una vieja fotografía en color.

En esa foto se veía a Antonio García Orio-Zabala rodeado del regente y demás personal del taller del periódico en la sede de la plaza de Portugal. Orio-Zabala era por entonces Redactor de Cierre y en aquellas fechas el redactor de cierre ejercía su labor en el taller.

   Estoy por asegurar que fue una de las épocas más felices de la vida periodística de mi padre. Se encontraba muy a gusto, en taller, rodeado de linotipias, fresadoras, cajas, rotativa y acompañado de cajistas, linotipistas, fresadores, hombres de la rotativa, correctores... Y todo ello mezclado con el dulzón olor del plomo, que impregnaba  el ambiente y el estruendo que alcanzaba límites insospechados cuando arrancaba aquella rotativa fabricada en Manchester en los años veinte del pasado siglo.

 

Una rotativa que sonaba igual que la locomotora de un tren expreso.

Antonio García Orio-Zabala era feliz allí, en el último destino laboral que tuvo, rodeado de sus "legionarios" como llamaba cariñosamente a los compañeros de la ruidosa noche en el viejo taller de la plaza de Portugal.

  Por entonces se reencontraron las dos vocaciones de Antonio. La Pluma y la Espada. Periodista y escritor pero rodeado de sus "legionarios". Poeta pero con el Himno de infantería en el recuerdo. Dramaturgo y narrador pero con el uniforme en la memoria y en la nostalgia.

Antonio García Orio-zabala tuvo claro desde muy niño que quería ser militar. Como su padre, el comandante de infantería Enrique García Salcedo o como sus tíos carnales Juan, capitán de infantería, y Carlos, comandante de Estado Mayor.

 

A sus trece años, ya huérfano, Antonio, quería ir a la Academia General Militar de Zaragoza. Su padre murió en un hospital militar a  consecuencia de las heridas recibidas en África. Duró poco tiempo tras su regreso a Badajoz. Sus tíos Carlos y Juan cayeron en Amnual. Un desastre en toda regla hasta el punto de que el Estado Mayor del ejército español fue masacrado con el resto de las fuerzas de infantería y caballería. El ejemplo heroico de su padre y tíos llevaron a Antonio al colegio de María Cristina para huérfanos de militares. Y allí fue creciendo su vocación castrense aunque ya empezaba a desarrollar otra que quizá ni él mismo sospechaba.


Desde el primer curso como "cristino" Antonio comienza un diario. Un diario muy periodístico, pese a que está escrito por un adolescente de 13 años, donde cuenta los avatares del centro y su convivencia con los compañeros. Y también refleja una afición taurina que no le abandonará nunca y que entonces centraba en un torero: Victoriano de Laserna.

 Pero Antonio no le daba importancia a estos quehaceres narrativos y lo militar seguía invadiendo su espíritu. Terminó sus estudios en el colegio y se dispuso a ingresar en la Academia de Zaragoza. Entonces  el cielo le cayó sobre su cabeza. La República cerró la Academia militar. Azaña lo explicó diciendo que se cerraba para modernizar el Ejército Español.

 

La frustración de Antonio García Orio-Zabala fue total. Muchos años después, cuando mi padre era redactor de noche y yo corrector y teníamos el mismo horario, regresábamos a casa de madrugada, acompañados por Tacones su "amigo del alba", el chucho de La Marina que lo esperaba cada noche en el cruce de las calles Menacho y Vasco Núñez.

 

  Entonces me dijo una frase definitiva. Tenía mi padre más de cincuenta años y aún le obsesionaba aquel cierre. Habló con un deje de tristeza: "A la única persona que le ha guardado cierto rencor en mi vida ha sido a Manuel Azaña. Por cerrar la Academia militar de Zaragoza. Me rompió todas las ilusiones".

  Tras aquel fiasco Antonio Orio-zabala se matricula en la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid e inicia la carrera pero sin ilusión ni ganas y al poco tiempo regresa a Badajoz donde trabaja llevando alguna finca propiedad de su madre.

 

A partir de entonces comienza a escribir con más frecuencia. Lo hace en revistas y periódicos de la época. Contacta con narradores y poetas y se va desarrollando su faceta de escritor al tiempo que lee mucho. La biblioteca de su padre estaba bien surtida con los novelistas de moda como Trigo, Zamacois y otros  además de los clásicos....

   Pero todo lo para la guerra civil. Una guerra que también se cobra su precio en la familia como se lo cobró la guerra de África. Su hermano Enrique muere en el frente de Madrid al alcanzarle un obús. Ni tan siquiera se pudo recuperar el cuerpo del alférez Enrique García Orio-Zabala destrozado por la metralla cuando avanzaba al frente de su sección.

 

 Enrique sería  laureado a título póstumo. Su muerte motivó que Antonio no hiciera el curso de alférez provisional como pretendía porque su madre le rogó que no lo hiciera. Temía perder a su hijo mayor como había perdido a los dos Enrique: Su marido y su segundo hijo.

   Y así Antonio hizo toda la guerra de sargento (graduación que le correspondía por ser galonista en el colegio de huérfanos militares) en el regimiento Castilla XVI formando en la compañía de infantería que mandaba el pacense Miguel Valaer, su capitán y amigo. Tres duros años en el frente en los que fue herido y condecorado con dos cruces rojas de guerra.

  De regreso a la vida civil estuvo varios meses en Madrid, a donde se trasladó la familia, recuperándose y fue entonces cuando escribió "Primera Medalla".

 De la guerra no le gustaba hablar. Mucho tiempo  después, tras otra noche de trabajo en Hoy, y sentados los dos a las tres de la mañana en las butacas de la Marina que los camareros amablemente dejaban fuera, me contó una historia del frente. Una historia de peligros, de ataques, contraataques y metralla. Fue la única vez. Nunca más volvió sobre el tema de la guerra. Y nunca se quejó. Ni de la guerra ni de nada en la vida.

  Estoy seguro de que su gran obra "La última fanega", la interrumpe cuando relata la marcha del Rey y el  triunfo de la segunda república, porque Antonio no quiso seguir con las vicisitudes de la guerra civil. No queda incompleta la novela como algunos creen, a causa de la temprana muerte del autor, no. Mi padre vivió varios años más al llegar a ese punto de la narración. Lo sé muy bien porque yo mecanografié el manuscrito. Y, una vez pasado a máquina todo el original, le pregunté en numerosas ocasiones: ¿Cuándo vas a continuar Papá?... "Ya lo haré, cualquier día me pongo. Ahora me da una poco de pereza porque tengo que narrar la época de la Guerra y son muchísimos personajes y varias historias que se cruzan"... me respondía siempre.

 Pero fue dejando pasar los años. Le dolía pienso yo, revivir la guerra, y cuando retomó el relato ya era tarde. La enfermedad le negó la prórroga.

   Mi padre murió joven. A veces me sorprendo pensando que yo tengo cinco años más de los que él tenía cuando falleció tras luchar con valentía y decisión durante dos años contra el cáncer.

   Antonio fue feliz, como dije al principio, como redactor de cierre. Fue feliz en aquel viejo taller con sus "legionarios". Y fue feliz y animoso en todos los trabajos que le encomendaron en HOY. Y vivió feliz con su mujer Dolores Calderón y sus hijos y sus amigos. Pero el destino no dejó que esa felicidad se prolongara. Una multitud de aquellos amigos, de toda clase y condición, lo despidieron en su funeral.

   Al momento de su muerte Antonio García Orio-zabala dejaba tras de sí un amplio bagaje periodístico y literario con sus  cientos de Buenos Días y otros títulos. Con sus crónicas  y sus tareas de calle, facturadas en esa prolongación de la redacción de HOY que era la Cafetería La Marina. Un periodismo que no se limitó a la anécdota, a la historia. Desde que acabó la carrera, que hizo cuando ya estaba casado y porque su amigo Narciso Campillo, director de  HOY, le convenció,  el siempre defendió a los "sendos hombres" tal como afirma Unamuno que es deber de la gente de letras. Y por eso tuvo sus problemas con aquellas autoridades de la época que no admitían la crítica.

 

Por sus escritos lo detuvieron en una ocasión y lo destituyeron como alcalde de La Albuera. "Arriba la Póliza" y "Navidad en Tinieblas" se llamaron aquellos dos peligrosos y humorísticos artículos que resultaron contundentes  "ataques" al régimen en opinión de algunos jerifaltes...

 

A la postre, resultó una clara victoria de la pluma  libre de un hombre que nunca se plegó ante el régimen ni tampoco se aprovechó de su condición de vencedor en la guerra. Siempre mantuvo, eso sí y hasta el último instante, su admiración por el general Franco.

 

 Mi padre fue, sobre todo, un humanista y un hombre libre. Un  poeta que cantaba al aroma de los lirios del Gévora  y que plasmaba su poesía en libretos de  la Suite de la Hispanidad, o del Romancillo de Pascualete y otras composiciones en colaboración, entre otros, con los maestros Berzosa y Albero. Y que puso letra al pasodoble de su amigo Juan López Lago y a otros pasodobles que se interpretaron en plazas españolas y portuguesas y fue un dramaturgo que escribió comedias, juguetes, cómicos, sainetes.... Era lo que más le gustaba. Su facilidad para el teatro resultaba portentosa.

 A las alumnas de varias generaciones del colegio del Santo Ángel les escribía un sainete cada año.  Ahí están Mañana de Paz, El fuerte del diablo, Compuesta y sin  Novio.... Sería muy extensa la relación de todos.  ¿No será momento de editarlos recogidos en un tomo? ¿No será el momento de volver a  representar  su estampa extremeña Cortijeros  que se estrenó en Badajoz y que la compañía de Luis Benito Arroyo, Rosita Sabatini y Miguel Armario llevó con éxito por toda España?¿No será momento de editar su "Primera Medalla" (Una historia que le plagiaron  en Hollywood) y "El Jatero" , publicadas ambas con gran número de erratas y hasta con ausencia de texto en una edición muy descuidada, y  "Cuando la Batalla de la Albuera", y "Luna de miel" y el resto de sus otras novelas cortas?.

 Ojalá que esta petición no caiga en saco roto.

  Por de pronto algo ya se ha logrado con esta exposición de la obra de Antonio García Orio-Zabala que acoge la Biblioteca de Extremadura. Algo muy importante que agradecemos los hermanos García Calderón y el resto de la familia.

   Tengo una doble pena. Que mi madre y mi hermano Antonio no hayan podido vivir este día.

   Gracias  al Director General de la Consejería de Cultura, y gracias muy especiales a mi amigo “Chiqui”, que así lo conozco desde que nos matriculamos de ingreso de bachillerato en los salesianos de Puebla de la Calzada. Gracias “Chiqui”, gracias entrañable Joaquín González Manzanares, director de la Biblioteca, por todo el empeño que has puesto para que esta exposición fuera una realidad. Y también agradezco la presencia de Javier Fragoso, nuestro alcalde que ha tenido la amabilidad de estar presente en este acto inaugural.

 

Mis agradecimiento igualmente a los que han intervenido y para los asistentes. Muchas gracias a todos en nombre de la familia.

  Aprovecho para pedir al Ayuntamiento pacense que dé a una calle de Badajoz el nombre de Antonio García Orio-Zabala. Creo, sinceramente, que es de justicia. Una calle de aquel Badajoz que Orio-Zabala supo retratar con fidelidad y cariño. Ese Badajoz, al que tantas vece cantó, al que tanto quiso. Ese Badajoz que llevó en el corazón hasta su muerte.

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. gracias amigo!!! El alcalde prometió en su discurso que tendrá una calle con su nombre!

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